"Los rituales del miedo", por Raúl Argemí


Soy de esos lectores que no dudan en abandonar un libro en la página veinte porque no ha logrado interesarme. No me siento culpable. Tal vez porque hago mías las palabras de Andreu Martin: Cuando un lector lee tu libro, te entrega un tiempo de su vida. Es mejor que tengas algo interesante que decirle.

Con el mismo talante de todo o nada, cuando un libro me atrapa no dejo de leerlo aunque esté en un ascensor atorado entre dos plantas, en un tren donde no hay espacio ni para respirar o bajo una lluvia torrencial. Todo me importa un rabanito.
Pero hay otros libros, una tercera clase, que me colocan en un lugar distinto: me atrapan, pero no sé si podré terminarlos. 

[Continúa acá.]

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