miércoles, 22 de abril de 2015

"¿Por qué abril es el mes más cruel?", por Ángel Fareta

April is the cruellest month…”,  “Abril es el mes más cruel”  Este es uno de los comienzos más famosos de la poesía moderna. En rigor no es el verso completo, puesto que Eliot suma luego la palabra “breeding” –“criando”- para dar con el pentámetro yámbico. Cinco acentos agudos luego de uno átono, obsesión casi nacional del inglés poético, aunque muchos ingleses actuales confiesan que no pueden distinguirlo; salvo que se percuta la sílaba tónica de manera algo inhabitual para el oído contemporáneo. Como lo hacen muchos actores de esa lengua al interpretar a Shakespeare.
Como sea, no es éste el tema. “Abril es el mes más cruel” ha pasado a formar parte del acervo citatorio casi anónimo, lo cual lo vuelve, al menos en parte, verdaderamente un clásico. Tanto que a esta expresión poética se la cree una de las tantas citas diseminadas por su autor a lo largo de “La tierra baldía” y no una expresión original de Eliot. Sucede lo mismo -ya que estamos- con el “Otras voces, otros ámbitos” de Truman Capote que siempre se ha creído otra cita. Cierto que el “rooms” original se vuelve todavía más “literario” o connotativo cuando su traductor argentino Floreal Mazía lo vierte al castellano como “ámbitos” y no “lugares”.
Pero “Abril es el mes más cruel” no es una cita, y si bien precisamente Eliot suma el “breeding” para lograr el pentámetro requerido, esta palabra puede dar un poco la clave de este hermético comienzo y según creo de todo el poema. Este “criando” que se encabalga con “Lilacs out of the dead land”, “lilas surgidas de la tierra muerta” del siguiente verso, abre el significado de buena parte de todo el poema. Digamos de su “correlato objetivo”, como señalaría el propio autor en un luego célebre ensayo, aunque escrito con anterioridad al poema. En rigor la expresión “correlato objetivo” fue tomada de la fenomenología de Edmund Husserl.
¿Por qué la crueldad de ese abril entonces? Desde luego porque es la primavera, al menos en el hemisferio norte. ¿Pero cruel la primavera? Es, o era imagen tradicional saber que todos los elementos anteriores a la Revelación fueron preanuncios -sin más “poesía universal” según Vico- de lo que se volvería transparente con la Encarnación. Así los números y los colores, sus combinaciones y analogías así como los diferentes modos de manifestación natural o de esa otra naturaleza creada por el hombre.
Abril es cruel en tanto que primavera, porque al volver todo a florecer  -a “verdear” podría decirse- menta tanto a la promesa de un renacer como también a todo “lo verde” por inmaduro; a lo todavía no en sazón como el auténtico fruto maduro que se deja en su rama y no se arranca “verde”.  Como todo aquello que nace en forma inerte. Mecánica. Como mero numeral biológico.
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Esta ambigua condena poética a la primavera se repite por ejemplo en la argentina Silvina Ocampo cuando directamente dice al comienzo de uno de sus poemas “la primavera inmunda”. Este vaivén y esta duplicidad con respecto a lo primaveral es la condición hondante de todo auténtico símbolo. Su perfecta convergencia de opuestos. Por ejemplo, lo blanco es lo puro, virgen e inmaculado. Pero es también lo frío, la parálisis, la nada, como en “la mente en blanco” y “la página en blanco”. Y como muy bien lo empleara así -doblemente- Herman Melville en su “Moby Dick”.
Pero aquí, en “The Waste Land”, es el mes de abril que aparece como sinónimo de primavera y no el de mayo, e incluso esas partes de marzo y de junio que le corresponden también a esa estación. Es que el mes de abril toma su nombre de Afrodita, la Venus latina, bajo cuyo numen se funda Roma el 21 de ese cuarto mes. Exactamente al comienzo del signo de Tauro, cuyo planeta regente es Venus.
Por eso Roma -en un espejo- es Amor. Claro que Roma es la capital no solo de este amor venéreo y especular sino también del otro amor producto de una Resurrección primaveral. De allí el nombre sacerdotal de Roma que era “Flor” y la fiesta que comenzaba ese mes abril, las “Floralia”. Así como esta ciudad es tanto la capital imperial por excelencia como la base de ese otro poder que “no es de este mundo”. Dos fuerzas, dos amores, dos primaveras, dos centros de poder.
A la duplicidad de la primavera que es doble signo de esperanza e inmadurez a un tiempo, se da esta otra forma de lo dúplice de Roma-Amor. Amor que son ambos poderes. Tanto del venéreo pasional como del otro Amor que serena a este otro, pero que de todas formas lo contiene y lo lleva en sus entrañas. De allí estas lilas (azucenas, lirios, lises) que está “criando la tierra muerta” como flores de resurrección y también como flores “reales” e imperiales.
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Pero en abril sucede otra resurrección y otra primavera florida. Que es la Pascua de Resurrección que conduce a Roma y de nuevo lleva especularmente a reflejarse en otro amor. Pero si ese cíclico renovar se vuelve inerte y solo calendariamente repetido, si la Pascua se vuelve una mera estación -de las cuatro en que se divide el año- y un estacionar inerte como el de las cosechas, los frutos y las bestias-, esa Resurrección definitiva de otro amor se queda exclusivamente en el amor venéreo de una Roma en su fase “anterior”. Que se reflejará en el verdear primaveral de esas lilas que resurgen de la tierra muerta. Esta repetida renovatio primaveral será un amor verde e inmaduro.
Ese repetido volver a empezar, ese círculo al cual se recae cíclicamente -tal el verso “las multitudes de gentes dando vueltas en círculo (“walking round in a ring”) es aquel del estoicismo ahora inútil de un mero asentir pasivo a un repetido retornar cíclico. Porque según San Agustín “Solo la cruz de Cristo nos saca del laberinto circular (eterno retorno) de los estoicos”. Porque si de esa primavera que es Pascua -o sea pasaje- y que es Amor, no resucitamos siquiera en parte, solo quedan “A heap of broken images” un “montón de imágenes rotas”. Imágenes rotas que son también “These fragments I have shored against my ruins” Los fragmentos con que “he apuntalado mi ruina”. Para apuntalar esta ruina son indiferentes que los restos y fragmentos sean Madame Sosotris, las figuras del tarot o las diversas citas en alemán, francés, italiano, latín y hasta sánscrito. Puesto que estos fragmentos se vuelven nueva Babel -“Unreal City”- sin ese centro del que han fugado.
Así llegamos a ese “cruellest”, a ese “más cruel” referido al mes de abril. La lengua inglesa no es tan sajona -o germánica- como se piensa, sino en buena parte es latina -vía el normando. “Cruel” es tanto lo crudo en la cocción y en lo carnal como es el análogon del verde en lo inmaduro vegetal, pero también cruel deviene en cruento. Es decir sangriento (de cruor), pura sangre y cuyo color, demás está decir, es el rojo. Esa sangre se derrama simbólicamente todos los abriles y en el tiempo sólo se derramó una vez. Pero en ambos modos -en el símbolo y en el tiempo- se puede resucitar. Pero si en algún abril no se resucita, se queda en lo verde-crudo-cruento-no hecho-inmaduro-irredento, y entonces abril -vuelve a ser- es el mes más cruel.

(Publicado en Evaristo Cultural, 18/4/2015)

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