martes, 29 de septiembre de 2015

ENTREVISTA A WALTER MIGNOLO

Hoy recomendamos esta entrevista a Walter Mignolo realizada por nuestros compañeros de El Andén digital, clic acá para leer la entrevista completa.

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ANDÉN: ¿Cuál es la relevancia político-epistémica de analizar la construcción de los mapas, las cartografías? ¿Qué lo ha llevado a realizar dicha investigación?
Walter Mignolo: Primero unas observaciones generales sobre mapas y cartas: el mapa, asociado a la cartografía, su nombre tiene orígenes desconocidos. Una suposición es que se deriva de una palabra Fenicia que significaba “manteles” o a veces “servilletas” que se usaban para hacer trazados en la organización y orientación en el espacio.
A partir de ello podemos decir que las comunidades de organismos vivientes que lograron emplear las extremidades superiores (brazos, manos) e inventaron la extensión de la mano (sea el dedo para hacer trazados en el suelo, o una piedra o un palo) lograron también visualizar su organización y orientación en el espacio.
El filósofo político alemán Carl Schmitt recuperó la palabra griega nomos. Traduce nomos como ley. No en el sentido moderno de “ley” sino al revés: ciertas formas generales de organizar el espacio entre los organismos vivientes (como las hormigas por ejemplo, de lo cual se dice los Mayas tomaron el modelo para la organización social y gobernativa), formas conceptuales de organización y regulación. Pues bien, el mapa o la carte (como la carte en el menú “a la carte”) son superficies planas donde se inscriben signos mediante la extensión de la mano. El mapa y la cartografía designan en superficies planas formas gráficas y visuales de organizar y regular el espacio. El mapa y la cartografía moderna se apropiaron de todas las formas anteriores y co-existentes y la subsumieron en el mapamundi, el modelo para todo el mapeo de territorios particulares.
Ahora a la pregunta. Invierto el orden y respondo primero a la segunda pregunta. Fue de pura casualidad. Hacia finales de 80 estaba haciendo investigaciones en la John Carter Brown Library, de Providence, investigaciones que culminarían en The Darker Side of The Renaissance. Literacy, Territoriality and Colonization (1995). Una de las pistas que perseguía en ese momento era la de los Jesuita en Japón y China. La John Carter Brown tiene una magnífica colección de mapas. La encargada de ese departamento, Susan Dandford -una persona muy informada- me preguntó un día si conocía el mapa de Matteo Ricci, un jesuita italiano que anduvo por Japón y China hacia 1580.
No, no lo conocía y cuando lo vi en una edición italiana de 1940, si mal no recuerdo -quizás 80x50 y el mapa por cierto impreso los 80 centímetros del rectángulo- tuve una especie de mareo. Un mareo visual e intelectual. Tantos años de ver América a la izquierda, Europa en el centro y Japón y China en la derecha, todos esos años recibieron como un golpe en la mandíbula que me dio el mareo. De ahí surgió el capítulo 5 del libro mencionado, The Darker Side… El título de se capítulo es “Geometric and Ethnic Centers” (“Centros geométicos y étnicos”).
La tesis del capítulo es la siguiente: con anterioridad al siglo XVI, todas las culturas y civilizaciones existentes están organizadas en torno a su propia concepción del espacio. China concebía el espacio en cinco rectángulos encastrados entorno al Reino del Centro (de Middle Kingdom); tanto los aztecas como los incas concebían el espacio en un centro (Cuzco o México-Tenochtitlan) cruzados por dos diagonales que formaban cuatro sectores en torno al centro. Tawantinsuyu significa precisamente “el territorio dividido en cuatro sectores” que llamaban suyus. En fin, en Islam arábigo del siglo 12, Al’Idrisi construyó una imagen del mundo conocido en torno al Mediterráneo, y en esa imagen carto-gráfica (una imagen visual en una superficie plana) España está abajo y a la derecha, por qué no, y el sur arriba. Y no porque Al´Idrisi hubiera visto el mapa invertido de las Américas de García, sino porque simplemente así se veía el mundo en esas latitudes. Total que, cada civilización organizaba el territorio en relación a su centro (El Reino del Centro, Cuzco, Tenochtitlan o Meca).
Tawantinsuyu “borrado” por el mapa moderno:

México-Tenochtitlan, construida por los aztecas en cuatro secciones, organización urbana borrada por la construcción del México moderno-colonial y moderno-republicano:

La organización territorial en la antigua China se concebía como una serie de rectángulos encastrados. El Reinado Celestial en el centro, y luego los territorios exteriores al centro.
Después de la introducción del mapamundi de Rici, hay una serie de mapas diseñados por los propios chinos. América no figura, pero podemos imaginarnos el centro y las zonas exteriores al centro en lo que para los cristianos occidentales era África, Europa y Asia. No para los chinos, quienes no participaban ni les interesaba ni tenía por qué interesarles esa división tripartita basada sobre los tres hijos de Noé con Jerusalén en el centro:
Luego llegamos al siglo XVI, la navegación y el diseño de aguas y tierras como la veía los europeos. A la división tradicional de los tres hijos de Noé, le agregaron al cuarta parte, América. Quienes navegaron fueron los europeos y también quienes cartografiaron. El centro, en ese momento, era Roma, desde donde el Papa Alejandro VI había divido el planeta en “Indias Orientales” de “Indias Occidentales”. Oriente y occidente no son direcciones absolutas, sino en relación a Roma que, en manos de la cristiandad occidental, desplazó a Jerusalén que era el centro para la cristiandad del Este. Y claro también para los judíos.
En resumen, el mapamundi que conocemos hoy tuvo dos consecuencias importantes: por un lado subsumió todos los centros existentes y los sujetó a Roma; y por el otro creó un centro geométrico que se correspondía con el centro étnico de la cristiandad. Fijó el control del conocimiento en Europa, no sólo cartográfico, sino también epistemológico, religioso, estético. En fin, fijó el centro y el punto de referencia del Oeste, del eurocentrismo y del occidentalismo.
He ahí la importancia fundamental en el control de las ideas y de los sentimientos de la cartografía del siglo XVI. Para responder a su pregunta, intuí en el mapa de Mateo Ricci que algo importante estaba ocurriendo. Ahí comenzó mi investigación cartográfica, no para estudiar la cartografía sino para responder a preguntas que comenzaron a surgir en ese momento. El estudio de la cartografía está supeditado a la analítica de la colonialidad en todas sus esferas.

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